ACUERDO COMERCIAL ESTADOS UNIDOS Y CHINA

Viceprimer ministro Liu He y presidente Donald Trump

“Juntos estamos enderezando los errores del pasado y brindando un futuro de justicia y seguridad económica;  la mayoría de la gente pensó que esto nunca podría suceder”.

“Creo que China hará todo lo posible para demostrar que el acuerdo que se firmó es un buen acuerdo. Es mucho más grande y mucho mejor de lo que pensé que llegaríamos”, aseguró el presidente estadounidense. Trump también elogió un nuevo capítulo en las relaciones con Pekín. Es “la mejor relación que hemos tenido con China en muchos, muchos años”, agregó. “China nos respeta ahora”, añadió. “No nos respetaban. No podrían creer que se estaban llevando lo que se estaban llevando”.

El acuerdo de “fase uno” marca una tregua en la guerra comercial de los dos países después de casi dos años de tensiones. Pero por los aranceles aún vigentes en dos tercios de más de 500.000 millones de dólares de importaciones procedentes de China, los consumidores y las empresas estadounidenses tendrán que pagar la factura.

El acuerdo incluye promesas de China para reforzar las compras de productos agrícolas estadounidenses y otras exportaciones por US$200.000 millones durante dos años; proporciona algunas protecciones para la tecnología estadounidense; y nuevos mecanismos que permiten a Washington imponer rápidamente sanciones a las que Pekín no puede responder.

Los asuntos más difíciles aún deben abordarse en las negociaciones de la “fase dos”, incluidos los subsidios masivos de China para la industria estatal. Además, un alto funcionario de la administración informó que China no ha asumido ningún compromiso específico para reducir los aranceles que ha impuesto a productos estadounidenses en represalia.

A la ceremonia han acudido, además de las dos delegaciones, decenas de empresarios estadounidenses, a los que un Trump pletórico ha ido saludando y elogiando uno a uno. En la sala, repleta de periodistas (había hasta 60 medios chinos acreditados), estaban también destacados legisladores republicanos.

Los presidentes generalmente no firman tales acuerdos bilaterales, y sin embargo, Trump lo ha convertido en una práctica habitual, firmando incluso miniacuerdos con Japón y Corea del Sur durante su presidencia en la Casa Blanca.

La obsesión por intervenir en los flujos de comercio en nombre del beneficio de los trabajadores estadounidenses ha sido una piedra angular de la agenda del America first de Trump. Y supone una llamativa ruptura con el dogma de libre mercado enarbolado por Administraciones estadounidenses de uno y otro signo en el último cuarto de siglo. El nuevo acuerdo comercial con México y Canadá, que sustituirá al NAFTA y que Trump espera que sea aprobado en el Congreso en las próximas semanas, también contiene medidas proteccionistas.

El comunicado chino afirma que el acuerdo se basa en los principios de la “igualdad y el respeto mutuo”, y que “sirve a los intereses fundamentales de los chinos, de los estadounidenses y de la gente de todo el mundo”. “El acuerdo está en línea con las política chinas de reforma y apertura y sus necesidades de promover un desarrollo económico de alta calidad”, se sigue.

Washington D.C. EUA  (afp, cnn, Reuters, Financial Times) a 16 de enero 2020

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