NUEVA ZELANDA ADOPTA LA MEDICIÓN DEL BIENESTAR; ALTERNATIVA AL PIB

“El éxito consiste en hacer que Nueva Zelanda sea un gran lugar para ganar dinero y para vivir”

El PIB mide el crecimiento económico de un país, podemos definirlo como el total de bienes y servicios finales que se producen en un país o comunidad determinada, en un determinado tiempo. El concepto se relaciona más con la producción,

Si la tasa del PIB es negativa durante un periodo determinado, la producción y actividad económica del país no aumentará y estará en recesión. En estas condiciones, es probable que haya más desempleo y que esto afecte seriamente a muchas familias.

 “Ambos conceptos: economía y bienestar van de la mano, tienen sus características de manera individual. El PIB es una medición de lo tangible, el bienestar es una percepción más subjetiva; considera elementos como la calidad de vivienda, calidad de empleo, seguridad pública, seguridad económica, educación y su acceso, medio ambiente y satisfacción con la vida”,

Con el objetivo de tratar de darle más dimensiones a la medición del bienestar, el Happiness Index contempla cinco componentes: Producto Interno Bruto per cápita, soporte social, expectativa de vida saludable, libertad, generosidad y ausencia de corrupción. 

Hay otras mediciones como el Índice de Desarrollo Social, que realiza el Social Progress Imperative, y el cual tiene como miembros a prestigiosas figuras de los negocios y la academia. En dicha medición se toman en cuenta tres componentes que son: 1) Necesidades humanas básicas, que incluye nutrición, vivienda, seguridad personal, etc. 2) Fundamentos del bienestar, que mide acceso a la información, medio ambiente, etc. 3) Oportunidades, que contempla acceso a la educación, inclusión, libertad de expresión, etc. En el Índice de Desarrollo Social 2019, México ocupa la posición 55, de 149 países, o sea que hay un largo camino por recorrer para llegar a un nivel óptimo.

El Gobierno liderado por la laborista Jacinda Ardern presentó su primer “presupuesto del bienestar”, centrado en áreas en las que el país tiene “grandes oportunidades para mejorar el bienestar” general de sus 4,8 millones de habitantes. En la práctica, eso significa que todos los gastos nuevos –que representan una parte del total– deben promover una de las cinco prioridades del Gobierno: mejorar la salud mental, reducir la pobreza infantil, abordar las desigualdades que sufren los indígenas maoríes, prosperar en la era digital y transitar a una economía medioambientalmente sostenible y baja en emisiones.

La economía mundial empieza a mostrar signos de cambios relevantes.  Un ejemplo de lo que sucede hoy en el mundo es el viraje económico que se presenta ya en una nación, pequeña y poco relevante quizás para la economía global, esta nueva forma de medir el desarrollo económico prioriza la mejora en la calidad de vida frente a los indicadores económicos, las críticas internas y externas no se han hecho esperar, pero en el fondo lo que sucede es un cambio planeado por muchos años, que en realidad no sería posible sin una dosis de estabilidad y comportamiento favorable de los indicadores macroeconómicos. Centrarse en el bienestar de la población es algo posible gracias a una economía estable, podría tratarse de una evolución de la economía hacia estándares de más calidad para la población.

Aunque México está muy lejos, en nuestro país mucho se ha insistido también sobre la necesidad de modificar el enfoque de la economía; pero, lamentablemente antes sería necesario invertir más y elevar el ahorro interno antes de pensar en modificar el camino hacia esquemas de desarrollo centrados en el Bienestar.

En Mexico el gobierno se enfrenta a la peor caída económica desde 1932 y quedará marcado por ello. No es sorprendente que el Presidente diga que el PIB debe caer en desuso y que en vez de crecimiento debe haber desarrollo y en vez de lo material, lo espiritual. No es la primera vez que el Presidente dice que el PIB no importa, lo cual fue evidente desde que perdió la apuesta de crecer 2.0% en 2019.

Los porristas de la administración no tardaron en tratar de darle sustancia al dicho y pusieron como ejemplo a Nueva Zelanda,.

Estabilidad macroeconómica, indispensable

Propios y extraños lo reconocen, un cambio en Nueva Zelanda solamente es posible gracias a la estabilidad económica de la que goza esta pequeña nación. El crecimiento en ese país será de 2.9% en 2020, quizás no es una tasa extraordinaria, pero bajo el contexto mundial no son malas porque en el mundo la economía se ralentiza y la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha creado incertidumbre global.

Nueva Zelanda no es inmune al contexto global, pero sus indicadores macroeconómicos han logrado sortear la incertidumbre: la inflación es baja, tiene una tasa estable de desempleo, superávit presupuestario y una deuda pública moderada. Es importante que haya estabilidad económica, solamente así es posible un cambio como el que ha iniciado la economía del país,

Economía estable, pero desigual

Pese a las condiciones favorables de estabilidad económica, las autoridades del país justifican el viraje que sufrirá el país debido a factores como la desigualdad:  “Como explicarle a la gente que vivimos en un país en el que pese al fuerte crecimiento económico hay familias sin hogar, el medio ambiente se degrada con rapidez o las personas con problemas de salud mental no reciben el trato que necesitan, solo por señalar algunos factores de desigualdad”, dijo la primera ministra Jacinda Arden

Nueva Zelanda no es el primer país en tomar pasos en esta dirección. En el 2008, el pequeño reino de Bután ya institucionalizó el “índice de felicidad nacional” en su Constitución para guiar las políticas de su gobierno, y ex mandatarios como el británico David Cameron o el francés Nicolas Sarkozy abogaron en su momento por priorizar como criterio el bienestar frente al PIB.

“La retórica es nueva, pero la práctica no lo es”, que los anteriores gobiernos del país ya incluyeron medidas de asistencia social en sus presupuestos y que el cambio estaría más en la atención en “unos cuantos aspectos específicos del bienestar”.

CDMX a 30 de mayo 2020

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