BUTÁN

El país más feliz del mundo

Es el único del mundo que tiene un indicador denominado “Felicidad Interior Bruta”, que mide la calidad de vida de la población. Se encuentra en la cordillera del Himalaya entre India y China. «La tierra del Dragón del Trueno» (de su denominación en butanés Druk Yul)

Con una población de 754.394 personas, se encuentra en la posición 163 de la tabla de población, compuesta por 196 países y presenta una moderada densidad de población, 20 habitantes por Km2.

Su capital es Timbu y su es el ngultrum, dividido en 100 chetrum y convertible en los bancos oficiales. Existen varios bancos con sucursales a lo largo del país y la red de cajeros automáticos es cada vez más amplia, estando ampliamente disponibles en las principales ciudades.

Bután es la economía número 169 por volumen de PIB. Su deuda pública en 2018 fue de 2.237 millones de euros, con una deuda del 102,38% del PIB está entre los países con más deuda respecto al PÎB del mundo. Su deuda per cápita es de 2.966€ euros por habitante.

Hay algunas variables que pueden ayudarle a conocer algo más si va a viajar a Bután o simplemente quiere saber más sobre el nivel de vida de sus habitantes.

El PIB per cápita es un muy buen índicador del nivel de vida y en el caso de Bután, en 2018, fue de 2.898€ euros, por lo que se encuentra con esta cifra está en la parte final de la tabla, en el puesto 127. Sus habitantes tienen un bajísimo nivel de vida en relación a los 196 países del ranking de PIB per cápita.

En cuanto al Índice de Desarrollo Humano o IDH, que elabora las Naciones Unidas para medir el progreso de un país y que en definitiva nos muestra el nivel de vida de sus habitantes, indica que los butaneses tienen una mala calidad de vida.

Si la razón para visitar Bután son negocios, es útil saber que Bután se encuentra en el 81º puesto de los 190 que conforman el ranking Doing Business, que clasifica los países según la facilidad que ofrecen para hacer negocios.

En cuanto al Índice de Percepción de la Corrupción del sector público en Bután ha sido de 68 puntos, así pues, sus habitantes tienen un bajo nivel de percepción de corrupción gubernamental.

En las tablas de la parte inferior de la página puede ampliar información sobre la economía y demografía de Bután y si quiere ver información sobre cualquier otro país puede hacerlo desde economía países

Aunque la economía es importante, en Bután piensan que no es lo único, y que tiene tanta o más importancia la cultura, el espíritu y el medio ambiente. Llama la atención también que no existen semáforos en ninguna de sus ciudades, siendo Thimphu quizá la única capital del mundo sin semáforos. Y prohibieron las bolsas de plástico por la contaminación que estas provocan

También hay disputas y problemas de reconocimiento de los ciudadanos butaneses de la etnia Lhotshampa. Ellos están viviendo en campamentos para refugiados, ya que fueron deportados desde Bután al Este de Nepal. Se calcula que son alrededor de 100000 las personas que el gobierno butanés no reconoce.

En la década de los 60′ es cuando Bután empieza a “desarrollarse” y construye carreteras y hospitales, instala teléfonos, y crea el Ngultrum butanés, su moneda. El país se abrió al turismo en 1974, tras años de aislamiento. Aunque se evita que haya una recepción masiva de turistas, el número se va incrementando paulatinamente cada año. No se puede viajar libremente (salvo los ciudadanos de la India.

La monarquía constitucional es su sistema de gobierno. En 2008 se aprobó la constitución para la que se estudiaron cartas magnas de decenas de países teniendo especial importancia la española, con la que tiene similitudes. El rey abdicó en 2006 en favor de su hijo. La gente adoraba al rey anterior y ama a este, y esto se vuelve evidente cuando se habla con los locales.

La religión oficial es el budismo y aunque se reduce al ámbito privado y no se enseña en las escuelas, se palpa en cada rincón del país. Se puede encontrar por todos lados a la gente rezando con su molinillo del rezo. Todos los eventos importantes –ya sean nacimientos, matrimonios o muertes- cuentan con la presencia de monjes que realizan ritos.
Ahora bien, fuertes tradiciones conviven con ciencia y técnica de la vida moderna. La principal fuente de ingresos del país es la venta de energía hidroeléctrica a la India (generada por varias presas a lo largo del país), que por otra parte es el mayor inversor del pequeño reino del Himalaya. Tanto la televisión como Internet llegaron a Bután en 1999.

De pequeño tamaño (38.394 km2) y vecino de las potentes India y China –Bután linda con Tíbet–, el país se mantiene independiente desde que en el siglo VIII Guru Rimpoche, considerado como el Segundo Buda, introdujo el budismo tántrico en la región.

Bután basa su atractivo turístico en el ritmo lento que rige los días tanto de locales como de visitantes. Su emplazamiento, entre cañones y picos escarpados, es la clave de la «ralentización vital» que se observa a lo largo de este viaje, un recorrido que parte del valle de Paro, visita la capital, Thimphu, y se adentra en los bonitos valles de Punakha, Phobjika y Bumthang, punteados de aldeas y monasterios. El preludio a las experiencias que aguardan al viajero en Bután es espectacular: el montañoso relieve que rodea el aeropuerto internacional de Paro obliga al avión a entrar por un desfiladero y a casi colocarse de lado antes de tomar tierra.

Una hora escasa en coche separa Paro de Thimphu, la capital del reino desde 1952. Antes era solo un dzong con unas cuantas casas alrededor; hoy es la sede de la familia real y del gobierno, una ciudad de 80.000 habitantes entre los que se cuentan monjes, comerciantes y ejecutivos formados en prestigiosos centros anglosajones. A la vista de sus boutiques, restaurantes, discotecas y locales de moda, es evidente que los jóvenes butaneses están al día y resulta palpable el ascenso de la burguesía, una clase social hasta hace poco inexistente.

La historia de amor de los reyes de Bután, Jigme Khesar Namgyal Wangchuck y Jetsun Pema, es una historia que ha roto con algunas de las tradiciones del país asiático, pero que al mismo tiempo las conserva, es también la historia de unos monarcas que no sólo han seducido a quienes gobiernan, sino que han logrado llamar la atención de los medios y las audiencias de Occidente.

Además, Jetsun ha conseguido lo impensable en su país: romper con la poligamia, una tradición muy arraigada en la monarquía de Bután. La joven pidió a su marido que no cumpliera dicha costumbre y él aceptó. Con esta decisión, el joven se desvinculó por completo de su padre, Jigme Singye Wangchuck, que se casó con cuatro hermanas el mismo día.

Pero los pies de la soberana están firmes en la tierra. De hecho, ella ha tenido mucho que ver con el abandono del absolutismo en un Estado que, hasta 1999, prohibía la televisión y el acceso a internet. Este último, el de internet, es un territorio en el que ella también reina. Pero los móviles y Facebook, no nos engañemos, conviven con los arados y los carros. Porque Bután es, pese a su modernización, un país de leyenda. Y Jetsun Pema, con sus ojos rasgados y su rutilante exotismo, una soberana a la medida. La llamada durk gyaltsuen, la “reina dragón”,La kira, el vestido de su boda, costó tres años de trabajo

La jovencísima Jetsun Pema tiene 25 años y es feliz con el quinto “rey dragón”, porque en aquellos confines la felicidad está catalogada como normal. La bella es soberana del país más feliz del planeta, pues aquí el bienestar es un asunto de Estado y porque así lo dicen las estadísticas internacionales. Tanto que la dinastía a la que pertenece, la Wangchuck, acuñó en los años 70 el concepto de Felicidad Nacional Bruta (frente al PIB) que, siguiendo la filosofía budista, persigue intensificar el bienestar humano garantizando ciertos derechos sociales, sin promover los logros materiales, olvidándose del turismo masivo y la globalización, y centrándose en las tradiciones de la etnia drukpa, de origen tibetano.

La Felicidad Nacional Bruta se mide en los siguientes factores: bienestar psicológico, salud, educación, buen gobierno, vitalidad de la comunidad y diversidad ecológica.

CDMX a 22 de junio 2020

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