LA GESTIÓN DE LA CONVERSACIÓN COMO VENTAJA COMPETITIVA

Arte en un área del desarrollo personal; entrenar para conectar mejor con las personas. La efectividad debe basarse en tres claves básicas: escucha, empatía y conexión.

Las conversaciones son los hilos que sostienen los sistemas organizacionales. En la actualidad estamos sumidos en la cultura digital y estados de constante conexión en los que existe una preocupación cada vez más acentuada acerca de la importancia de dominar habilidades donde la tecnología es el elemento central; sin embargo, ello está sacrificando a la conversación cara a cara y, en consecuencia, a todos los beneficios que de ella emanan.

CUANDO CONVERSAR ES UN ARTE

Conversar se convierte pues en el preludio de la sana convivencia. Conversar es el arte de la felicidad en su más pura expresión, y muchos no lo saben. Desarrollar el arte de la conversación es posible si se está consciente de la necesidad de desarrollar las competencias pertinentes para hacerlo.

En el mundo que vivimos, mucho más que en otras épocas, es importante conversar cara a cara. Conversar se ha convertido en uno de los principales activos estratégicos de las personas para la prosperidad personal y organizacional.

Conversar se convierte en un gran desafío. Partamos de la concepción de que toda comunicación es acción. De creer firmemente en el poder transformador de la palabra. De que cuando conversamos suceden cosas, porque es por medio de nuestras conversaciones que realizamos gran parte de las acciones en nuestras vidas.

Todo el quehacer cotidiano de las personas ya sea en lo personal, profesional u organizacional, está íntimamente relacionado con acciones: organizar, coordinar, planificar, asesorar, capacitar, orientar, evaluar, controlar, contestar, negociar, liderar, motivar, entrevistar, atender, enseñar, instruir, etc.

Y todas, absolutamente todas esas tareas se realizan fundamentalmente a través de la interacción con otras personas, es decir, conversando. Todos los días ponemos en acción distintas actividades con el objetivo de cumplir con las metas esperadas a través de la generación de acuerdos. Al conversar generamos una realidad diferente a la que encontramos, creando así, un entorno de posibilidades que antes de esas conversaciones no existían.

No hay que perder de vista que a través de nuestras conversaciones no solamente acordamos, sino también establecemos conexiones, interactuamos con otros, coordinamos tareas, generamos vínculos, mejores entornos de convivencia y trabajo; construimos porvenir, pactamos compromisos, evitamos crisis.

LA IMPORTANCIA DE PRIVILEGIAR LA CONVERSACIÓN

Desde la aparición de las redes sociales y la mensajería móvil, generar una conversación cara a cara, se ha convertido en una actividad en proceso de extinción. Estamos en contacto, pero de forma abreviada, superficial, con un número creciente de personas, pero cada vez más de manera aislada. Aquí es donde toma sentido aquella idea de cada vez estamos más cerca de quienes están lejos; pero cada vez estamos más lejos de quienes tenemos cerca”.

Conversar pues es comunicar, relacionarse, trabajar o estrechar amistad unas personas con otras, donde existe voluntad y esfuerzo por comprender lo que decimos y lo que se nos dice.

La conversación por tanto no es un monólogo; el monólogo es hablar de uno mismo sin importarnos los demás. Por el contrario, conversar representa unir afectos a las ideas. Conversar significa implicación, preocupación por el otro o, como diría el poeta y escritor portugués Fernando Pessoa, “nos otramos”, nos ponemos en el lugar del otro, aunque para ello tengamos que salir previamente del nuestro.

Sabemos mantener un diálogo, pero ¿somos efectivos a la hora de llevar a cabo una conversación de calidad? Por curioso que nos parezca, la respuesta muchas veces es «no».  No todos dominamos el arte de la inteligencia conversacional, esa con la que conectar de manera auténtica con alguien intercambiando información de manera efectiva.

Hablar es también crear impacto. No nos basta solo con «caer bien». En ocasiones, ni siquiera es eso lo que buscamos; lo que queremos es que nuestro mensaje llegue, que seamos creíbles y que logremos establecer una conexión fluida y directa con el interlocutor.

Aprender a comunicar y mantener una conversación dice mucho de nosotros. Es nuestra puerta de entrada para conocer gente, para mejorar en nuestro trabajo e incluso para llegar a acuerdos y solucionar problemas. Una  buena conversación debe agotar los temas, no a los interlocutores. Así, es común que en ocasiones demos con alguien que en lugar de conversar establezca monólogos. Otras personas, en cambio, se limitan a ser condescendientes, a reafirmar cada comentario sin llegar a enriquecer el diálogo con sus aportaciones.

Que esto ocurra significa que es necesario trabajar diversos aspectos de nuestro tejido psicológico. En ocasiones, la inseguridad nos hace temer dar nuestra opinión. Otras veces, carecemos de esas habilidades que nos permiten hacer uso de una empatía real con la que leer entre líneas y entender ciertas pistas del lenguaje no verbal de la otra persona.

 “Es tan sofisticado y civilizado este arte que hoy probablemente sólo sigue estando al alcance de algunas tribus de Kalahari que desconocen tanto la prisa funcional como la jerga cibernáutica”.

Algo que nos señalan los expertos en el campo de la comunicación es que nuestro gran error a la hora de comunicar es que hemos dejado de escuchar. A veces, estamos más pendientes de otras cosas: pensamientos propios, el móvil, lo que sucede alrededor… Todo ello son banderas rojas que restan calidad a la conversación.

Entrenemos estas sencillas estrategias. Ejercitemos el arte del diálogo enriquecedor,  dejar que las palabras fluyan y surjan los acuerdos.

Para finalizar, no olvides que conversar en forma constructiva implica tomar conciencia de la actitud con la que asumimos nuestra intención al hacerlo.

Que las conversaciones se desarrollen constructivamente depende en gran medida de las creencias y valores que sustentan la forma en que nos vinculamos con el otro.

CDMX a 16 de julio 2020

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