LA “INTELLIGENTSIA” MEXICANA

Por Jorge G. Castañeda Gutman

Antes de hablar de los intelectuales, aporto un par de datos. Primero, la famosa exclamación de Stalin sobre el número de divisiones que tenía el Papa, parece haberse originado en la Conferencia de Teherán en 1943, cuando alguien —Winston  Churchill; el primer ministro de Sudáfrica, Jan Smuts; tal vez el propio Roosevelt— planteó que posiblemente convendría invitar al Papa a la próxima conferencia o a cualquier arreglo de paz terminando la Segunda Guerra Mundial. Ante eso, el dictador soviético habría preguntado: “¿el Papa? ¿Cuántas divisiones tiene el Papa?”.

Resultó, 40 años después, que un Papa tenía muchas divisiones, tantas que echó a andar la avalancha que destruyó la creación de Stalin, a saber, la Unión Soviética y el bloque socialista. Karol Wojtyla si tenía muchas divisiones; es decir, gente que le seguía, en su Polonia de origen, con fanatismo, con valentía, con devoción, con perseverancia, hasta derrocar al régimen socialista, acontecimiento que antecedió por muy pocos años a la caída del muro de Berlín y después, la desaparición de la URSS.

Otra aportación de hechos: el término “intelligentsia”, utilizado por ejemplo esta semana en The Economist, por Michael Reid, en su columna Bello, a propósito de la intelectualidad mexicana, tiene sus orígenes en la historia del siglo XIX en Rusia. El término es una palabra rusa y se refiere a los escritores, pensadores, profesionistas y otros artistas de la Rusia zarista, que eran una pequeña minoría pero que ejercían una gran influencia sobre algunos aspectos de la vida en el imperio ruso.

¿Qué es lo que nos dice López Obrador hoy con sus gráficas sobre los columnistas, con sus reacciones vitriólicas y desenfrenadas contra los intelectuales del país, contra los periódicos que lo critican, contra la prensa extranjera que en el fondo también forma parte de una cierta intelectualidad mexicana? Nos está diciendo que ha perdido a la intelligentsia y que lo sabe, y que no importa porque esta última no tiene divisiones. Que la ha perdido, lo sabe bien López Obrador, o incluso que nunca la tuvo. Si uno se remonta a la campaña de 2018 e hiciera la misma gráfica que López Obrador, buscando qué columnistas, académicos, científicos, etc, lo apoyaron públicamente, encontraría a pocos. Tampoco encontraría muchos que apoyaron públicamente a Anaya o a Meade, por una razón u otra. Pero en todo caso hoy, esa intelligentsia ya no la tiene López Obrador ni remotamente.

Pero parece no importarle demasiado, aunque tanta diatriba contra Reforma, Aguilar Camín, Krauze, Loret, y varios columnistas más, podría sugerir que en el fondo sí le importa. Parecería que de alguna manera intuye, con ese gran olfato político que en efecto tiene, que en un país como México, que no es la Rusia zarista, pero que tampoco es Suecia, lo que dice y piensa la intelligentsia, sí pesa. Los intelectuales sí tienen divisiones. No las mismas que tiene AMLO: votantes, activistas, troles, huestes. Otras, más débiles, menos numerosas, pero no necesariamente impotentes.

Hace unos años se solían utilizar los términos de círculo rojo y círculo verde. El primero lo constituían las personas informadas que leían los periódicos, que hablaban de política y que le daban importancia a este tipo de acontecimientos. El círculo verde eran más bien todos los demás mexicanos, inmensamente mayoritarios. Puede haber habido un tufo de desprecio en esta taxonomía, aparentemente formulada por primera vez por Ricardo Salinas Pliego y asumida por el entonces presidente Fox. Algo de verdad encerraba la clasificación, pero hacía caso omiso de un factor fundamental: el hecho de que a la larga el círculo rojo terminaba por influir el circulo verde a través de una serie de mecanismos complejos, en ocasiones insondables, casi mágicos, que Roger Bartra, hace muchísimos años, llamó mediaciones. Pues sí, esto le sucedió a Fox y le puede suceder a López Obrador. ¿Cuántas divisiones tiene la intelligensia mexicana? Quién sabe, pero en una de ésas, muchas.

Jorge G. Castañeda
Secretario de Relaciones Exteriores de México de 2000 a 2003. Profesor de política y estudios sobre América Latina en la Universidad de Nueva York. Entre sus libros: Sólo así: por una agenda ciudadana independiente y Amarres perros. Una autobiografía.
Amarres. Blog

Fuente: Nexos

CDMX a 26 de septiembre 2020

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